bosque
Entre los aromas que vagaron sobre los recuerdos yacen pétreos los escorzos abocetados que abandonan hasta la frontalidad el vicio regalado de una vida sesgada. Reviven así las hogueras que daban abrazo al rumor del agua con olor a esencia. Trago a trago la distancia, el amanecer herrumbroso, la desgana atroz y acodada.
Van muriendo poco a poco los destellos languideciendo del brillo hasta la desnudez y el desaliento. Llegó el ahogo hasta el patio del castillo frondoso del bosque y entre miles de palabras que salieron volando se desvaneció el guerrero que atravesó decidido la frondosidad del arrullo del silencio.