briznas
Se inclinan las briznas herederas de un pasado de mil siegas preñadas de sol y verano. Atienden en su verdor inmaculado el paisaje que un día de hace ya ni se sabe les legaron en imágenes contadas entre los juncos regados de aguas calmas. Juegan a ser cabellos entre los dedos que acarician el siesteo del alma mientras quieren ser sienes y quieren ser carne.
Quedan quedas abrazadas de rocío y son llanto en el claro de luna que no deja sombras conocidas y esperadas. Porque así, en la imagen sepia que quedó grabada en sus caras, solo esperan el regalo del testigo que dé bocanadas de recuerdo a la brasa.