volantazo
Es el tiempo de la caricia de la llama en la base de la palmatoria, de la reserva de una bodega esquilmada hasta el agotamiento, del calor que evapora el vaho de una nariz exhalando junto a miradas caídas a través del prisma de la vida. Es vago el sonido, y lejano, pero audible y encaminado al destino certero de la deuda. Cabalgan lejanas las luces, tenues pero certeras en su fin, allanando de briznas de esperanza la escalera.
Es un regalo la espera sin asiento, un chispazo cada minuto de una noche en calma latente y sudada. Un volantazo al abismo que aprieta. Un paladeo de luz y nostalgia que lleva las riendas de eso que no puede ser más que nada.