cincuenta
Se escuchan los pasos que al otro lado de la puerta se silencian de repente. Latidos en la escucha paralela, silencio apretado y casi ahogo en el pomo de ambos corazones golpeteando. Caen de rodillas cincuenta en decenas de miles de días desharrapados sin tomar forma, se aproxima así la condena por horas de y un día y apenas parecen quedar sino aromas de destierro y callejón trasero.
Fueron seis, fueron diez o catorce, fueron veinte, no sé, fueron treinta, cuarenta. Quizá, sí, regaron jardines, soplaron la lado de vientos. De la inercia llegó moribundo el albor y despuntaron tan solo los rayos que ya no cesaron cumpliendo cincuenta.