cruz
En la atalaya del altruísmo abandonada de desánimos apenas micras del despilfarro sinuoso y estéril. Bocanadas de aire fresco renegadas en el compulsivo movimiento de la cabeza girada que recoge el botín y niega la mano tendida. Un yo cabalgando los pura sangres regalados y un desaire de débitos engalanados del embrión de la soberbia más nociva. Crían así las apuestas débiles esperanzas, regeneran poderosas las sospechas. Y brilla como siempre el sendero destino del pacto con lo que las mil y una vivencias aprendidas señalaron con la cruz de lo insalvable.